
El consumo privado en Argentina registró una dinámica inusual al alcanzar niveles máximos históricos, representando actualmente el 70% del Producto Bruto Interno (PBI). Según datos del INDEC, este indicador creció un 2,7% interanual en el primer trimestre de 2025, acumulando un alza del 7% desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Sin embargo, este crecimiento no se traduce en una mayor actividad en los comercios locales, sino que responde a un cambio en la estructura del gasto: el capital se desplaza hacia el pago de servicios básicos con precios actualizados y hacia la adquisición de bienes y servicios en el extranjero, mientras que las ventas de productos de fabricación nacional y el consumo en supermercados muestran caídas significativas.
La porción del consumo que presenta el mayor dinamismo es la vinculada a bienes y servicios importados, incluyendo turismo y compras directas al exterior. El economista Miguel Ángel Broda explica que “cuanto mayor sea el gasto en bienes importados y en servicios de viajes, turismo y tarjeta en el exterior, menor será la parte del consumo que se destina a bienes y servicios producidos localmente”. En este sentido, la apertura económica impactó en la estructura laboral y empresarial, ya que, según Broda, “los cierres de empresas y la debilidad del empleo privado formal son, en parte, consecuencia de la mayor apertura de la economía”.

Esta tendencia se refleja en la comparación con periodos anteriores. Aunque el consumo agregado es similar al de 2017, los rubros tradicionales enfrentan una fuerte retracción: las compras en supermercados cayeron un 19,5%, las de electrodomésticos un 8,1% y el patentamiento de automóviles es un 45,6% inferior. Al respecto, Emmanuel Álvarez Agis señala que, si bien en 2025 se patentaron más autos que el año previo, “aún se registran 350.000 ventas menos de 0km que en 2013”. En contraste, el gasto en bienes importados creció casi un 80%.
Cambios en precios relativos y desplazamiento del gasto
El incremento del consumo total también se explica por lo que los especialistas denominan "cambio en los precios relativos". El encarecimiento de tarifas, transporte, medicina prepaga y servicios de comunicación obligó a las familias a destinar una mayor proporción de sus ingresos a estos ítems. Álvarez Agis destaca un ejemplo de este cambio: “Hoy se consume 18,7% más en energía eléctrica que en 2017”.
Este ajuste en los costos de vida comprime la capacidad de ahorro y modifica los hábitos de los usuarios. Broda sostiene que esta política “dejó menos margen para el consumo voluntario como salidas, ropa, entretenimiento, bienes durables que es lo que más se siente en la calle”. Asimismo, advierte que si los ingresos no acompañan el ajuste tarifario, las familias terminan “desplazando el gasto y recortan salidas, ropa, etc. para sostener sus consumos más básicos”.

La desregulación del comercio exterior y una mayor liberalización cambiaria son factores determinantes en el escenario actual. El sistema de importaciones "puerta a puerta" y la apreciación del tipo de cambio real —con una inflación del 15% frente a una devaluación del 2% en lo que va del año— incentivan el gasto fuera del país. Broda enfatiza que “una mayor apertura con un tipo de cambio real apreciado estimula el gasto en bienes del exterior y reduce la demanda dirigida al entramado productivo local”.
Finalmente, el mercado financiero también compite por los pesos disponibles. Entre enero y mayo de 2025, la demanda de dólares para atesoramiento superó los 10.800 millones de dólares, más del doble que en el mismo periodo del año anterior. Esta opción de refugio en divisas reduce la liquidez que, anteriormente, se volcaba de manera casi exclusiva al consumo interno.